sábado, diciembre 11, 2010

Cartas a la intrascendencia.

Hoy es uno de esos días.

Uno de esos en los que te levantas pensando en lo mismo que pensabas cuando te acostaste y lo mismo con lo que has soñado, al menos, durante tres noches seguidas con sus días.

Hoy es uno de esos días en los que echas de menos con toda tu alma los besos que no han sido, las conversaciones que nunca existieron y las miradas que, seguramente, jamás tendrán lugar más que en los sueños en vela.

Uno de esos días en los que piensas: "Como alguien esté tan aburrido como para leer esto voy a empezar a levantar sospechas a las más audaces de todas las mentes que me rodean ".

Uno de esos días en los que la historia se repite. Otra vez.

Uno de esos días en los que esa esperanza se mezcla con esa otra esperanza, de igual dirección, pero de sentido opuesto, en un "mingling" poco consistente.

Uno de esos días en que presentas a alguien nuevo a tu amigo el blog: Blog, Mullach; Mullach, Blog.

Uno de esos días en que te sientes inferior a todo cuanto aspiras, sólo con mirarte en el espejo.

En fin, uno de esos días en los que decides intentar saltar el muro otra vez para ver lo que hay detrás, con mucha suerte no nos volveremos a estrellar.

lunes, junio 28, 2010

Al espíritu de Verónica

Ella está siempre ahí.

No lo sabe, pero es la que me da fuerzas para seguir pensando en un futuro fuera de lo normalmente establecido.

Las personas comunes piensan en un futuro estable sin grandes sobresaltos, pero ella piensa como los gigantes, el presente no es símplemente un tiempo verbal.

No está presente en mi vida más que por instantes, como los puntos de luz que se cuelan por las rendijas de la persiana. Pero está el suficiente tiempo y las suficientes veces como para recordarme: "¡Eh! no te olvides de lo que quieres, que corres el riesgo de no luchar por ello".

Lo que más me llama la atención es cómo una persona puede impresionar tanto en apenas tres encuentros.

Verónica nunca leerá este texto dedicado a ella, quizás por esa seguridad es la única persona que se ha ganado una entrada con su verdadero nombre, su verdadera foto y en tiempo presente, ella nunca pasará, ya ha dejado huella y siempre está.

Creo que es la vez que con más sinceridad he dicho: "De mayor quiero ser como tú". El caso es que ya mismo somos mayores...

Es buen tiempo para tener en mente nuestras verdaderas metas, que si no nos perdemos por las bifurcaciones.

viernes, junio 18, 2010

yamir

Y miraba adelante, no se detenía. Símplemente eran ganas de comerse el mundo.

Sus miras eran más amplias, no se debía ni a un pueblo, ni a una ciudad ni a una nación, tampoco se consideraba mercenaria...

Simplemente eran ganas de comerse el mundo.

Miraba atras, a veces lo hacía, no es bueno olvidar el pasado, en él hemos crecido y de él nutrimos el futuro.

Tantos proyectos, la mayoría cogidos con pinzas. El futuro es incierto y hay demasiados factores que se nos escapan como para intentar ser dueños de nuestra vida. Pero ella sabía que siempre era libre de elegir ante las situaciones que se le presentasen, era lista y reaccionaba bien ante la presión.

Tenía ambiciones, vivía el momento presente, siempre con un ojo puesto en los siguientes. Tenía futuro, incierto pero prometedor. Tenía talento y trataba bien a todo el que se le acercara con buena fe.

Era libre, no se planteaba siquiera depender de nadie nunca, es que era joven. Pero había algo que no tenía.

¿Qué le faltaba? ¿Qué no veían? No era perfecta, pero sí de las mejores. ¿Acaso se mostraba impenetrable, inaccesible? Tenía la costumbre de descubrir su rostro sólo a aquellos que supiese que lo iban a mirar sabiendo lo que había detrás de él, intentando ver más allá de los músculos y de los huesos. Y era algo que se le daba bien, era su proceso de selección y su escudo. Pero quizás su escudo fuese demasiado infranqueable.

En cualquier caso, siempre mejor sola que mal acompañada.

(Y se esbozó una sonrisa es sus labios, y volvió a mirar alante y vio todo el camino que le quedaba por recorrer, bien sola, bien acompañada, de la manera que fuese, prometía esperanza, aventuras y quizás, en un futuro algo más lejano y dudoso, estabilidad).

Qué tontería es gastar fuerzas intentando ganarle la carrera al tiempo (De nuevo una sonrisa).

Quien la quiera que la busque.

Quien la encuentre no encontrará la vida eterna... Gracias a Dios.

martes, mayo 25, 2010

Cobardías y hundimientos (III): A la Proto-historia y al Yunque del Herrero

Un sólo comentario.

Dos segundos de conversación, eso fue lo que le bastó al Herero para cambiar su mente así, sin más.

Un comentario de Eva que parecía decirlo todo, pero que tampoco concretaba nada.

Una posible historia acallada durante años con el fin de no perturbar otras historias. El de herrero es un oficio solitario en el que se aprende a callar y a hablar con los ojos a martillazos y en el que el idioma del Yunque (ruído para la mayoría) no sólo tiene sentido, sino que el sentido de la vida nace de él.

El Yunque es siempre fiel compañero del Herrero, escucha sus martillazos, sus quejidos y lamentos, pero nunca da su opinión, a cambio guarda un secreto como ningún humano es capaz.

el Herrero tiene más que aprecio al Yunque, componen sus melodías juntos y juntos se forjan el uno al otro y se enseñan paciencia, tenacidad y brío.

Como iba diciendo, el Herrero enterró en ascuas una gran posible historia, pero la historia se reveló, no quería estar más entre ascuas, fueron esos dos malditos segundos los que la despertaron, ahora quería hacerse realidad, y no es que la historia fuese mala, ni mucho menos, es más, tenía un final de lo más inquietante, lo malo es que era una Proto-historia y ella no lo sabía, ignoraba que era casi imposible...

Había otras historias más sólidas en el tiempo que podrían volver a enterrar, esta vez de mala manera a la proto-historia del Herrero otra vez en la fragua...

El Herrero confía en que con todo el alboroto que Eva ha montado sin intención aparente, las espadas no empiecen a salirle torcidas ni quebradizas...

sábado, mayo 22, 2010

Cobardías y hundimientos (II): Al caracter de Eva.

Eva tenía el encanto de quien sabe utilizar el corazón y los sesos simultáneamente, eso era lo más cautivador de ella. Encaraba la vida con la simpleza de la verdad, sin pararse a pensar si el mundo que le rodeaba repensaba y meditaba los actos de su vida. Era clara como el agua, viva como el agua, fuerte como el agua, delicada como el agua, libre como el agua. Aunque había quien la intentaba contener.

A Eva era imposible poseerla, es más, sería inutil en todos los aspectos y significados posibles e interpretables de la palabra.

Era imposible no amar a Eva, todos la querían en cierto modo, aunque fuese celosa, envidiosa o humildemente. No dejaba indiferente a nadie, aunque la mayoría la amaban para bien.

Sus labios eran perfectos, sus dientes eran perfectos, su lengua era perfecta, sus orejas eran perfectas, sus ojos eran pequeños, sus manos, las más bonitas que nadie hubiera soñado jamás. Incluso sus defectos contribuían a su perfección.

Ella era perfecta precisamente porque no terminaba de serlo.

El herrero no ha probado a Eva todavía, tampoco lo veía muy probable, pero juró no morir sin haberle creado la duda de si hubiese, al menos, merecido la pena.

viernes, mayo 21, 2010

Cobardías y hundimienos (I): A las manos.


Contenerse.
Suspirar.

Cauterizar los sentimientos para no sufrir más.

No son sentimientos justos para quien no los desea, pero tambien pueden ser un mar de consuelo para quien cree que no tiene más que recibir.

Así se siente el herrero cuando advierte que sus manos, útiles para tantos y revestidas con la corteza de los años, el sudor y la experiencia, no le bastan para lograr sus anelos.

Sus anelos.

Repito: sus anelos.

El herrero forja y pule, afila y retornea, pero está demasiado acostumbrado a tratar con lo maleable, se asusta cuando se encuentra con las manos de otra experiencia, más fuertes, más sólidas, pero de apariencia frágil y delicada.

¿Cómo hablar con esas manos? ¿Cómo saber si las manos con las que tratan las otras manos son con las que quieren tratar en realidad? ¿Por qué tienen que haber más manos complicando las cosas? Son torpes y molestas y no saben lo que tienen, pero tampoco lo dejan ir, no sea que se les escape la vida con ellas.

El herrero es paciente, delicado a su manera, pero con el ímpetu propio de su oficio, piensa en moldear su alma a base de martillazos contra el yunque, pero su alma es más dura, aunque maleable a las artes de las otras manos.

El herrero tiene las cosas claras, sabe lo que le conviene, no debería achantarse ante un proyecto nuevo, ante un reto difícil... Pero, ¿Y si es imposible?

El herrero está aterrado por la incertidumbre, pero en el fondo sabe que no es necesario, al menos no aún.

El herrero quiere más de lo que tiene con las otras manos, pero el herrero teme errar...

Esto va por tí, no me lees, pero va por tí.

domingo, abril 18, 2010

Aquellos tres primeros meses...

Cuántos recuerdos se acumulan últimamente en mi cabeza. Sólo pienso en volver, en estar allí haciendo lo que sea, preferentemente trabajando de lo mío.

Sé que veré muchos sitios distintos, puede que viva en algunos de ellos, pero de lo que estoy completamente seguro es de que volveré a vivir allí. Lo más seguro es que no vuelva a ver a mucha gente de todos los que allí conocí, pero el reencuentro con los supervivientes merecerá la pena, y lo celebraremos, y volveremos a hablarnos viéndonos las caras en persona... Algún día...

Incluso el trabajo tiene cosas que recuerdo con cariño, como los "Manuel, ayúdame con mi trolley", los "You have to hubber under the bed", o los "Could you make some extra rooms today?". Bueno, esos últimos no los echo mucho de menos. Pero la hora matutina diaria en el metro, corriendo y estresados sí que la echo en falta. No es lo mismo que ir en autobus todos los días, o en bici, aquello me gustaba más, aunque me clavasen £125 una vez al mes.

Lo tengo más claro que nunca: voy a volver.

domingo, abril 04, 2010

Oh stiff boots and rawhide...

Se echan de menos los momentos en que nos abrazábamos para dormir juntos y luego nos dábamos cuenta de que, por mucho que quisiésemos, era imposible dormir así.
Se echan de menos los despertares en una cama que no estaba hecha para dos, pero en la que nuestro mundo cabía, sin necesidad de más espacio antes de las 10:00 de la mañana.
Se echa de menos el olor fresco del suavizante que embadurnaba las sábanas suaves recién puestas del día anterior.
Se echan de menos los abrazos inesperados por la espalda seguidos de un beso en el cuello.
Se echan de menos los "espera un segundo que sólo me falta el pelo".
Se echan de menos las discusiones que terminaban con un beso.
Se echan de menos las cosquillas de tu pelo cuando lo olía demasiado fuerte.
Se echan de menos los cabezazos accidentales con el techo le la buardilla.
Se echan de menos los "no me aprietes que estoy quemada".
Se echan de menos tus carcajadas.
Se echan de menos los "toma, tápate que ahora te va a dar frío" y el quedarnos dormidos con la conversación a medias, sin decir "buenas noches".
Y cómo no echar de menos las piernas más suaves y más largas del mundo impidiendo que te apartes con una sonrrisa burlona.

Pero todos sabemos que los caminos de rosas también tienen espinas y, por ideal que suene, no es bueno andar descalzo, que te pinchas, nadie nos lo advirtió y nosotros no caímos en la cuenta.

Para la próxima estaremos preparados, pero se echa de menos...

martes, marzo 23, 2010

Con lo simples que somos...

El aire estaba helado. Mari regresó, cogió un abrigo y volvió a salir. Allá fuera, lejos de los ojos de todos, encendió un cigarrillo. Fumó sin culpa y sin prisa, reflexionando sobre la chica, el piano que escuchaba y la vida del lado exterior a los muros de Villete, que se estaba volviendo insoportablemente dificil para todo el mundo.

En opinión de Mari, esta dificultad no se debía al caos, o a la desorganización, o a la anarquía, sino al exceso de orden. La sociedad se regía cada vez por medio de más reglas, y leyes para contrariar las reglas, y nuevas reglas para contrariar las leyes; eso sembraba el temor en las personas, que ya no daban siquiera un paso que las alejara del cumplimiento del reglamento invisible que guiaba la vida de todos.

Mari tenía su propia experiencia para avalar esa opinión. Había pasado cuarenta años de su vida trabajando como abogada hasta que su enfermedad la trajo a Villete. Ya desde el comienzo de su carrera había perdido rápidamente su ingenua visión de la justicia y había pasado a entender que las leyes no habían sido creadas para resolver problemas, sino para prolongar indefinidamente las reyertas y las diferencias.

Era una pena que Alá, Jehová, Dios -no importa el nombre que se le diera- no hubiera vivido en el mundo actual. Porque si así fuese, todos nosotros estaríamos aún en el Paraíso mientras tras que él estaría respondiendo a recursos, apelaciones, rogatorias, exhortos, interdictos, preliminares, procedimientos, y tendría que explicar en innumerables audiencias su decisión de expulsar a Adan y Eva del Paraíso, apenas por transgredir una ley arbitraria sin ningún fundamento jurídico: no comer el fruto del árbol del Bien y del Mal.

Si Él no quería que esto sucediera, ¿Por qué dispuso que el árbol se alzara en medio del Jardín y no fuera de los muros del Paraíso? Si la designaran defensora de la pareja, Mari seguramente acusaría a Dios de "omisión administrativa", porque además de emplazar el árbol en un lugar incorrecto, no lo rodeó de advertencias ni barreras, dejando de adoptar los mínimos requisitos de seguridad, y exponiendo a todos los que pasaban por allí al peligro.

Mari, también podría acusarlo de "inducción al delito", puesto que atrajo la atención de Adán y Eva hacia el lugar exacto donde se encontraba. Si no hubiese dicho nada, generaciones y generaciones pasarían por esta Tierra sin que nadie se interesara por el fruto prohibido, ya que debería estar en un bosque lleno de árboles semejantes y, por lo tanto, sin ostentar ningún valor específico.

Pero Dios no había actuado así. Por el contrario, escribió la ley y encontró la manera de convencer a alguien para que la transgrediera, tan sólo para poder inventar el Castigo. Sabía que Adán y Eva acabarían aburridos de tanta perfección y, tarde o temprano, pondrían a prueba Su paciencia. Y se quedó allí, esperando, porque talvez también Él -Dios Todo poderoso- se hallaba aburrido de que todo en la creación discurriera a la perfección; si Eva no hubiese comido la manzana, ¿qué es lo que hubiera sucedido de interesante en estos miles de millones de años?

Nada.

Cuando la ley fue violada, Dios -el Juez Todopoderoso- aun simuló una persecución, como si no conociese todos los escondrijos posibles que había en el Jardín. Con los ángeles mirando y divirtiéndose con la broma (la vida para ellos también debía de ser muy tediosa desde que Lucifer dejara el Cielo), Él empezó a caminar. Mari imaginaba cómo de aquel episodio de la Biblia se podía obtener una hermosa escena para un filme de suspense: los pasos de Dios, las miradas asustadas que la pareja intercambiaba entre sí, los pies que súbitamente se detenían junto al escondrijo.

-¿Dónde estás? -había preguntado Dios.

-Oí vuestro paso en el jardín, tuve miedo y me escondí porque estoy desnudo -había respondido Adán sin saber que, a partir de esa afirmación, se convertiría en reo confeso de un crimen.

Listo. Mediante un simple truco, aparentando no saber dónde estaba Adán ni el motivo de su fuga, Dios había conseguido lo que deseaba. Aún así, para no dejar ninguna duda al público angelical que asistía atentamente al episodio, Él había decidido ir más lejos.

-¿Cómo sabes que estás desnudo? -hbía interrogado Dios, sabiendo que esa pregunta sólo tenía una respuesta posible: "Porque comí del árbol que me permite entenderlo."

Con aquella pregunta, Dios demostró a sus ángeles que era justo y que estaba condenando a la pareja en base a todas las pruebas existentes. A partir de allí ya no importaba saber si la culpa era de la mujer, y las súplicas de perdón serían inútiles. Dios necesitaba un ejemplo para que ningún otro ser, terrestre o celeste, tuviese nunca más el atrevimiento de ir en contra de sus decisiones.

Y así expulsó a la pareja, sus hijos terminaron pagando también por el delito (como sucede en la actualidad con los hijos de los criminales) y el sistema judicial había sido inventado: ley, transgresión de la ley (lógica o absurda, no tenía importancia), juicio (donde el más experimentado vencía al ingenuo) y castigo.



Como toda la humanidad había sido condenada sin derecho a recurrir la sentencia, los seres hmanos decidieron crear mecanismos de defensa para la eventualidad de que Dios decidiera mostrar Su nuevo poder arbitrario. Pero en el transcurso de los milenios de estudios, los hombres inventaron tantos recursos que terminaron exagerando el número, y ahora la justicia era una maraña de cláusulas, jurisprudencias y textos contradictorios que nadie conseguía entender cabalmente.

Tanto es así que cuando Dios decidió cambiar de idea y mandas a Su hijo para salvar al mundo, ¿qué sucedió? Cayó en las redes de la justicia que Él había creado.

La maraña de leyes terminó generando tanta confusión que el Hijo acabó crucificado. No fue un proceso sencillo: Jesús pasó de Anás a Caifás, de los sacerdotes a Pilatos, quien adujo que no existían leyes suficientes según el Código romano. De Pilatos a Herodes que, a su vez, alegó que el Código judío no contemplaba la condena a muerte. De Herodes otra vez a Pilatos, que aún intentó una apelación ofreciendo un acuerdo jurídico al pueblo: azotó al acusado y mostró sus heridas, pero no sirvió de nada.

Como hacen los modernos promotores, Pilatos resolvió promoverse a costa del condenado: ofreció entonces cambiar a Jesús por Barrabás, sabiendo que la justicia a estas alturas ya se había convertido en un espectáculo donde era preciso un final apoteósico, con la muerte del reo.

Finalmente, Pilatos usó el artículo que facultaba al juez -y no a quién estaba siendo juzgado- el beneficio de la duda: se lavó las manos, lo que quiere decir "ni sí, ni no". Era un artificio más para preservar el sistema jurídico romano sin dañar las buenas relaciones con los magistrados locales; permitía, además, que el peso de la decisión fuese transferido al pueblo en el caso de que aquella sentencia acabara creando problemas tales como la venida de algún inspector de la capital del Imperio para verificar personalmente lo que sucedía.




Paulo Coelho. Veronika decide morir. Ed. planeta. 18ª edición. Pgs.(107-111).

domingo, marzo 21, 2010

Do you know that feeling when somebody makes a fool of yourself? That’s the way I feel now.

At first you say: “Why the fucking hell did I what I did?” and you feel like a poor piece of shit. Next you do is to remind exactly how and what did you say to make this person answer something like that, so sharp, so cutting, and then you realize that you just poked your nose into somebody’s life, disturbing her little piece of world.

And then you think: “What did you expect? It’s her world! Her reflexions! And then you get through this door and disturb her private affairs! Seriously, what did you fucking expect?”.

After that you remember that you did it with the best of intentions, you never wanted to disturb anybody. You haven’t to apologize for anything you did. But she jealously guards his privacy and responded unfriendly. I don’t blame you.

You are how you are, and maybe, if you don’t were like that, you couldn’t have impressed me in the way you did it.

sábado, marzo 20, 2010

Para Athos...

Cuando se consigue que los valores venzan al instinto el orgullo (un orgullo instintivo) crece , te sientes grande y más poderoso de lo que creías. Entonces los valores se vuelven instinto y te reconcilias contigo mismo y te sabes mejor. Ese será el momento de volverse loco, quitarse la máscara y mostrarse tal y como uno sabe que es, sin miedo a que los demás te digan loco, porque sabes que tienen razón, estás loco y te gusta, porque eres libre. Y ellos te envidian porque les da miedo saberse locos y verse como son. Lo que pasa es que sus instintos pueden a sus valores, sus valores, no los valores inculcados.

Y las envidias te resbalan.

Ahora estás loco de verdad, ya no tienes miedo a que te lo digan porque sabes que lo eres, y te gusta. No te guardas rencor, ese rencor que hacía que no te gustases a tí mismo, el rencor que te tenías por sentirte tal y como eras.

Y ganan tus instintos.

Porque tus instintos se han hecho tus valores, porque tus valores se han convertido en tus instintos.

El salto da pavor, pero cuando lo das una vez, pides otra vuelta y llega un punto en que te sacas el abono y te haces adicto a tí.

Ese aquél no nos pertenece, pero a tí te perteneces tú mismo y los sentimientos que ese aquél siente hacia tí. Ya está, no tienes más, y cuando esos sentimientos cambian siguen siendo tuyos, pero no los cambias tú, los cambia ese aquél. Ahí está la gracia.

Y se puede, porque yo lo he hecho.

;-)

domingo, marzo 07, 2010

Everybody is free to wear sunscreen.


Ladies and Gentlemen of the class of '97... wear sunscreen.
If I could offer you only one tip for the future, sunscreen would be it.

The long term benefits of sunscreen have been proved by scientists whereas the rest of my advice has no basis more reliable than my own meandering experience.

I will dispense this advice now.

Enjoy the power and beauty of your youth. Never mind. You will not understand the power and beauty of your youth until they have faded. But trust me, in 20 years you'll look back at photos of yourself and recall in a way you can't grasp now how much possibility lay before you and how fabulous you really looked.

You are not as fat as you imagine.

Don't worry about the future; or worry, but know that worrying is as effective as trying to solve an algebra equation by chewing bubblegum. The real troubles in your life are apt to be things that never crossed your worried mind; the kind that blindside you at 4pm on some idle Tuesday.

Do one thing every day that scares you.


Sing.
Don't be reckless with other people's hearts, don't put up with people who are reckless with yours.


Floss.
Don't waste your time on jealousy; sometimes you're ahead, sometimes you're behind. The race is long, and in the end, it's only with yourself.

Remember compliments you receive, forget the insults; if you succeed in doing this, tell me how.

Keep your old love letters, throw away your old bank statements.


Stretch.
Don't feel guilty if you don't know what you want to do with your life. The most interesting people I know didn't know at 22 what they wanted to do with their lives, some of the most interesting 40 year olds I know still don't.

Get plenty of calcium.

Be kind to your knees, you'll miss them when they're gone.

Maybe you'll marry, maybe you won't, maybe you'll have children, maybe you won't, maybe you'll divorce at 40, maybe you'll dance the funky chicken on your 75th wedding anniversary. Whatever you do, don't congratulate yourself too much or berate yourself, either. Your choices are half chance, so are everybody else's. Enjoy your body, use it every way you can. Don't be afraid of it, or what other people think of it, it's the greatest instrument you'll ever own.

Dance. Even if you have nowhere to do it but in your own living room.

Read the directions, even if you don't follow them.

Do not read beauty magazines, they will only make you feel ugly.

Get to know your parents, you never know when they'll be gone for good.

Be nice to your siblings; they are your best link to your past and the people most likely to stick with you in the future.

Understand that friends come and go, but for the precious few you should hold on. Work hard to bridge the gaps in geography in lifestyle because the older you get, the more you need the people you knew when you were young.

Live in New York City once, but leave before it makes you hard; live in Northern California once, but leave before it makes you soft.


Travel.
Accept certain inalienable truths, prices will rise, politicians will philander, you too will get old, and when you do you'll fantasize that when you were young prices were reasonable, politicians were noble and children respected their elders.

Respect your elders.

Don't expect anyone else to support you. Maybe you have a trust fund, maybe you'll have a wealthy spouse; but you never know when either one might run out.

Don't mess too much with your hair, or by the time you're 40, it will look 85.

Be careful whose advice you buy, but, be patient with those who supply it. Advice is a form of nostalgia, dispensing it is a way of fishing the past from the disposal, wiping it off, painting over the ugly parts and recycling it for more than it's worth.

But trust me on the sunscreen.