sábado, mayo 22, 2010

Cobardías y hundimientos (II): Al caracter de Eva.

Eva tenía el encanto de quien sabe utilizar el corazón y los sesos simultáneamente, eso era lo más cautivador de ella. Encaraba la vida con la simpleza de la verdad, sin pararse a pensar si el mundo que le rodeaba repensaba y meditaba los actos de su vida. Era clara como el agua, viva como el agua, fuerte como el agua, delicada como el agua, libre como el agua. Aunque había quien la intentaba contener.

A Eva era imposible poseerla, es más, sería inutil en todos los aspectos y significados posibles e interpretables de la palabra.

Era imposible no amar a Eva, todos la querían en cierto modo, aunque fuese celosa, envidiosa o humildemente. No dejaba indiferente a nadie, aunque la mayoría la amaban para bien.

Sus labios eran perfectos, sus dientes eran perfectos, su lengua era perfecta, sus orejas eran perfectas, sus ojos eran pequeños, sus manos, las más bonitas que nadie hubiera soñado jamás. Incluso sus defectos contribuían a su perfección.

Ella era perfecta precisamente porque no terminaba de serlo.

El herrero no ha probado a Eva todavía, tampoco lo veía muy probable, pero juró no morir sin haberle creado la duda de si hubiese, al menos, merecido la pena.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buen final :) Todos queremos crear esa duda, como mínimo, una vez en la vida

Krön dijo...

Gracias!, lo de "buen final", viniendo de tí es un alago de los gordos ;-)