
sábado, marzo 27, 2010
martes, marzo 23, 2010
Con lo simples que somos...
El aire estaba helado. Mari regresó, cogió un abrigo y volvió a salir. Allá fuera, lejos de los ojos de todos, encendió un cigarrillo. Fumó sin culpa y sin prisa, reflexionando sobre la chica, el piano que escuchaba y la vida del lado exterior a los muros de Villete, que se estaba volviendo insoportablemente dificil para todo el mundo.
En opinión de Mari, esta dificultad no se debía al caos, o a la desorganización, o a la anarquía, sino al exceso de orden. La sociedad se regía cada vez por medio de más reglas, y leyes para contrariar las reglas, y nuevas reglas para contrariar las leyes; eso sembraba el temor en las personas, que ya no daban siquiera un paso que las alejara del cumplimiento del reglamento invisible que guiaba la vida de todos.
Mari tenía su propia experiencia para avalar esa opinión. Había pasado cuarenta años de su vida trabajando como abogada hasta que su enfermedad la trajo a Villete. Ya desde el comienzo de su carrera había perdido rápidamente su ingenua visión de la justicia y había pasado a entender que las leyes no habían sido creadas para resolver problemas, sino para prolongar indefinidamente las reyertas y las diferencias.
Era una pena que Alá, Jehová, Dios -no importa el nombre que se le diera- no hubiera vivido en el mundo actual. Porque si así fuese, todos nosotros estaríamos aún en el Paraíso mientras tras que él estaría respondiendo a recursos, apelaciones, rogatorias, exhortos, interdictos, preliminares, procedimientos, y tendría que explicar en innumerables audiencias su decisión de expulsar a Adan y Eva del Paraíso, apenas por transgredir una ley arbitraria sin ningún fundamento jurídico: no comer el fruto del árbol del Bien y del Mal.
Si Él no quería que esto sucediera, ¿Por qué dispuso que el árbol se alzara en medio del Jardín y no fuera de los muros del Paraíso? Si la designaran defensora de la pareja, Mari seguramente acusaría a Dios de "omisión administrativa", porque además de emplazar el árbol en un lugar incorrecto, no lo rodeó de advertencias ni barreras, dejando de adoptar los mínimos requisitos de seguridad, y exponiendo a todos los que pasaban por allí al peligro.
Mari, también podría acusarlo de "inducción al delito", puesto que atrajo la atención de Adán y Eva hacia el lugar exacto donde se encontraba. Si no hubiese dicho nada, generaciones y generaciones pasarían por esta Tierra sin que nadie se interesara por el fruto prohibido, ya que debería estar en un bosque lleno de árboles semejantes y, por lo tanto, sin ostentar ningún valor específico.
Pero Dios no había actuado así. Por el contrario, escribió la ley y encontró la manera de convencer a alguien para que la transgrediera, tan sólo para poder inventar el Castigo. Sabía que Adán y Eva acabarían aburridos de tanta perfección y, tarde o temprano, pondrían a prueba Su paciencia. Y se quedó allí, esperando, porque talvez también Él -Dios Todo poderoso- se hallaba aburrido de que todo en la creación discurriera a la perfección; si Eva no hubiese comido la manzana, ¿qué es lo que hubiera sucedido de interesante en estos miles de millones de años?
Nada.
Cuando la ley fue violada, Dios -el Juez Todopoderoso- aun simuló una persecución, como si no conociese todos los escondrijos posibles que había en el Jardín. Con los ángeles mirando y divirtiéndose con la broma (la vida para ellos también debía de ser muy tediosa desde que Lucifer dejara el Cielo), Él empezó a caminar. Mari imaginaba cómo de aquel episodio de la Biblia se podía obtener una hermosa escena para un filme de suspense: los pasos de Dios, las miradas asustadas que la pareja intercambiaba entre sí, los pies que súbitamente se detenían junto al escondrijo.
-¿Dónde estás? -había preguntado Dios.
-Oí vuestro paso en el jardín, tuve miedo y me escondí porque estoy desnudo -había respondido Adán sin saber que, a partir de esa afirmación, se convertiría en reo confeso de un crimen.
Listo. Mediante un simple truco, aparentando no saber dónde estaba Adán ni el motivo de su fuga, Dios había conseguido lo que deseaba. Aún así, para no dejar ninguna duda al público angelical que asistía atentamente al episodio, Él había decidido ir más lejos.
-¿Cómo sabes que estás desnudo? -hbía interrogado Dios, sabiendo que esa pregunta sólo tenía una respuesta posible: "Porque comí del árbol que me permite entenderlo."
Con aquella pregunta, Dios demostró a sus ángeles que era justo y que estaba condenando a la pareja en base a todas las pruebas existentes. A partir de allí ya no importaba saber si la culpa era de la mujer, y las súplicas de perdón serían inútiles. Dios necesitaba un ejemplo para que ningún otro ser, terrestre o celeste, tuviese nunca más el atrevimiento de ir en contra de sus decisiones.
Y así expulsó a la pareja, sus hijos terminaron pagando también por el delito (como sucede en la actualidad con los hijos de los criminales) y el sistema judicial había sido inventado: ley, transgresión de la ley (lógica o absurda, no tenía importancia), juicio (donde el más experimentado vencía al ingenuo) y castigo.
Como toda la humanidad había sido condenada sin derecho a recurrir la sentencia, los seres hmanos decidieron crear mecanismos de defensa para la eventualidad de que Dios decidiera mostrar Su nuevo poder arbitrario. Pero en el transcurso de los milenios de estudios, los hombres inventaron tantos recursos que terminaron exagerando el número, y ahora la justicia era una maraña de cláusulas, jurisprudencias y textos contradictorios que nadie conseguía entender cabalmente.
Tanto es así que cuando Dios decidió cambiar de idea y mandas a Su hijo para salvar al mundo, ¿qué sucedió? Cayó en las redes de la justicia que Él había creado.
La maraña de leyes terminó generando tanta confusión que el Hijo acabó crucificado. No fue un proceso sencillo: Jesús pasó de Anás a Caifás, de los sacerdotes a Pilatos, quien adujo que no existían leyes suficientes según el Código romano. De Pilatos a Herodes que, a su vez, alegó que el Código judío no contemplaba la condena a muerte. De Herodes otra vez a Pilatos, que aún intentó una apelación ofreciendo un acuerdo jurídico al pueblo: azotó al acusado y mostró sus heridas, pero no sirvió de nada.
Como hacen los modernos promotores, Pilatos resolvió promoverse a costa del condenado: ofreció entonces cambiar a Jesús por Barrabás, sabiendo que la justicia a estas alturas ya se había convertido en un espectáculo donde era preciso un final apoteósico, con la muerte del reo.
Finalmente, Pilatos usó el artículo que facultaba al juez -y no a quién estaba siendo juzgado- el beneficio de la duda: se lavó las manos, lo que quiere decir "ni sí, ni no". Era un artificio más para preservar el sistema jurídico romano sin dañar las buenas relaciones con los magistrados locales; permitía, además, que el peso de la decisión fuese transferido al pueblo en el caso de que aquella sentencia acabara creando problemas tales como la venida de algún inspector de la capital del Imperio para verificar personalmente lo que sucedía.
Paulo Coelho. Veronika decide morir. Ed. planeta. 18ª edición. Pgs.(107-111).
En opinión de Mari, esta dificultad no se debía al caos, o a la desorganización, o a la anarquía, sino al exceso de orden. La sociedad se regía cada vez por medio de más reglas, y leyes para contrariar las reglas, y nuevas reglas para contrariar las leyes; eso sembraba el temor en las personas, que ya no daban siquiera un paso que las alejara del cumplimiento del reglamento invisible que guiaba la vida de todos.
Mari tenía su propia experiencia para avalar esa opinión. Había pasado cuarenta años de su vida trabajando como abogada hasta que su enfermedad la trajo a Villete. Ya desde el comienzo de su carrera había perdido rápidamente su ingenua visión de la justicia y había pasado a entender que las leyes no habían sido creadas para resolver problemas, sino para prolongar indefinidamente las reyertas y las diferencias.
Era una pena que Alá, Jehová, Dios -no importa el nombre que se le diera- no hubiera vivido en el mundo actual. Porque si así fuese, todos nosotros estaríamos aún en el Paraíso mientras tras que él estaría respondiendo a recursos, apelaciones, rogatorias, exhortos, interdictos, preliminares, procedimientos, y tendría que explicar en innumerables audiencias su decisión de expulsar a Adan y Eva del Paraíso, apenas por transgredir una ley arbitraria sin ningún fundamento jurídico: no comer el fruto del árbol del Bien y del Mal.
Si Él no quería que esto sucediera, ¿Por qué dispuso que el árbol se alzara en medio del Jardín y no fuera de los muros del Paraíso? Si la designaran defensora de la pareja, Mari seguramente acusaría a Dios de "omisión administrativa", porque además de emplazar el árbol en un lugar incorrecto, no lo rodeó de advertencias ni barreras, dejando de adoptar los mínimos requisitos de seguridad, y exponiendo a todos los que pasaban por allí al peligro.
Mari, también podría acusarlo de "inducción al delito", puesto que atrajo la atención de Adán y Eva hacia el lugar exacto donde se encontraba. Si no hubiese dicho nada, generaciones y generaciones pasarían por esta Tierra sin que nadie se interesara por el fruto prohibido, ya que debería estar en un bosque lleno de árboles semejantes y, por lo tanto, sin ostentar ningún valor específico.
Pero Dios no había actuado así. Por el contrario, escribió la ley y encontró la manera de convencer a alguien para que la transgrediera, tan sólo para poder inventar el Castigo. Sabía que Adán y Eva acabarían aburridos de tanta perfección y, tarde o temprano, pondrían a prueba Su paciencia. Y se quedó allí, esperando, porque talvez también Él -Dios Todo poderoso- se hallaba aburrido de que todo en la creación discurriera a la perfección; si Eva no hubiese comido la manzana, ¿qué es lo que hubiera sucedido de interesante en estos miles de millones de años?
Nada.
Cuando la ley fue violada, Dios -el Juez Todopoderoso- aun simuló una persecución, como si no conociese todos los escondrijos posibles que había en el Jardín. Con los ángeles mirando y divirtiéndose con la broma (la vida para ellos también debía de ser muy tediosa desde que Lucifer dejara el Cielo), Él empezó a caminar. Mari imaginaba cómo de aquel episodio de la Biblia se podía obtener una hermosa escena para un filme de suspense: los pasos de Dios, las miradas asustadas que la pareja intercambiaba entre sí, los pies que súbitamente se detenían junto al escondrijo.
-¿Dónde estás? -había preguntado Dios.
-Oí vuestro paso en el jardín, tuve miedo y me escondí porque estoy desnudo -había respondido Adán sin saber que, a partir de esa afirmación, se convertiría en reo confeso de un crimen.
Listo. Mediante un simple truco, aparentando no saber dónde estaba Adán ni el motivo de su fuga, Dios había conseguido lo que deseaba. Aún así, para no dejar ninguna duda al público angelical que asistía atentamente al episodio, Él había decidido ir más lejos.
-¿Cómo sabes que estás desnudo? -hbía interrogado Dios, sabiendo que esa pregunta sólo tenía una respuesta posible: "Porque comí del árbol que me permite entenderlo."
Con aquella pregunta, Dios demostró a sus ángeles que era justo y que estaba condenando a la pareja en base a todas las pruebas existentes. A partir de allí ya no importaba saber si la culpa era de la mujer, y las súplicas de perdón serían inútiles. Dios necesitaba un ejemplo para que ningún otro ser, terrestre o celeste, tuviese nunca más el atrevimiento de ir en contra de sus decisiones.
Y así expulsó a la pareja, sus hijos terminaron pagando también por el delito (como sucede en la actualidad con los hijos de los criminales) y el sistema judicial había sido inventado: ley, transgresión de la ley (lógica o absurda, no tenía importancia), juicio (donde el más experimentado vencía al ingenuo) y castigo.
Como toda la humanidad había sido condenada sin derecho a recurrir la sentencia, los seres hmanos decidieron crear mecanismos de defensa para la eventualidad de que Dios decidiera mostrar Su nuevo poder arbitrario. Pero en el transcurso de los milenios de estudios, los hombres inventaron tantos recursos que terminaron exagerando el número, y ahora la justicia era una maraña de cláusulas, jurisprudencias y textos contradictorios que nadie conseguía entender cabalmente.
Tanto es así que cuando Dios decidió cambiar de idea y mandas a Su hijo para salvar al mundo, ¿qué sucedió? Cayó en las redes de la justicia que Él había creado.
La maraña de leyes terminó generando tanta confusión que el Hijo acabó crucificado. No fue un proceso sencillo: Jesús pasó de Anás a Caifás, de los sacerdotes a Pilatos, quien adujo que no existían leyes suficientes según el Código romano. De Pilatos a Herodes que, a su vez, alegó que el Código judío no contemplaba la condena a muerte. De Herodes otra vez a Pilatos, que aún intentó una apelación ofreciendo un acuerdo jurídico al pueblo: azotó al acusado y mostró sus heridas, pero no sirvió de nada.
Como hacen los modernos promotores, Pilatos resolvió promoverse a costa del condenado: ofreció entonces cambiar a Jesús por Barrabás, sabiendo que la justicia a estas alturas ya se había convertido en un espectáculo donde era preciso un final apoteósico, con la muerte del reo.
Finalmente, Pilatos usó el artículo que facultaba al juez -y no a quién estaba siendo juzgado- el beneficio de la duda: se lavó las manos, lo que quiere decir "ni sí, ni no". Era un artificio más para preservar el sistema jurídico romano sin dañar las buenas relaciones con los magistrados locales; permitía, además, que el peso de la decisión fuese transferido al pueblo en el caso de que aquella sentencia acabara creando problemas tales como la venida de algún inspector de la capital del Imperio para verificar personalmente lo que sucedía.
Paulo Coelho. Veronika decide morir. Ed. planeta. 18ª edición. Pgs.(107-111).
domingo, marzo 21, 2010
Do you know that feeling when somebody makes a fool of yourself? That’s the way I feel now.
At first you say: “Why the fucking hell did I what I did?” and you feel like a poor piece of shit. Next you do is to remind exactly how and what did you say to make this person answer something like that, so sharp, so cutting, and then you realize that you just poked your nose into somebody’s life, disturbing her little piece of world.
And then you think: “What did you expect? It’s her world! Her reflexions! And then you get through this door and disturb her private affairs! Seriously, what did you fucking expect?”.
After that you remember that you did it with the best of intentions, you never wanted to disturb anybody. You haven’t to apologize for anything you did. But she jealously guards his privacy and responded unfriendly. I don’t blame you.
sábado, marzo 20, 2010
Para Athos...
Cuando se consigue que los valores venzan al instinto el orgullo (un orgullo instintivo) crece , te sientes grande y más poderoso de lo que creías. Entonces los valores se vuelven instinto y te reconcilias contigo mismo y te sabes mejor. Ese será el momento de volverse loco, quitarse la máscara y mostrarse tal y como uno sabe que es, sin miedo a que los demás te digan loco, porque sabes que tienen razón, estás loco y te gusta, porque eres libre. Y ellos te envidian porque les da miedo saberse locos y verse como son. Lo que pasa es que sus instintos pueden a sus valores, sus valores, no los valores inculcados.
Y las envidias te resbalan.
Ahora estás loco de verdad, ya no tienes miedo a que te lo digan porque sabes que lo eres, y te gusta. No te guardas rencor, ese rencor que hacía que no te gustases a tí mismo, el rencor que te tenías por sentirte tal y como eras.
Y ganan tus instintos.
Porque tus instintos se han hecho tus valores, porque tus valores se han convertido en tus instintos.
El salto da pavor, pero cuando lo das una vez, pides otra vuelta y llega un punto en que te sacas el abono y te haces adicto a tí.
Ese aquél no nos pertenece, pero a tí te perteneces tú mismo y los sentimientos que ese aquél siente hacia tí. Ya está, no tienes más, y cuando esos sentimientos cambian siguen siendo tuyos, pero no los cambias tú, los cambia ese aquél. Ahí está la gracia.
Y se puede, porque yo lo he hecho.
;-)
Y las envidias te resbalan.
Ahora estás loco de verdad, ya no tienes miedo a que te lo digan porque sabes que lo eres, y te gusta. No te guardas rencor, ese rencor que hacía que no te gustases a tí mismo, el rencor que te tenías por sentirte tal y como eras.
Y ganan tus instintos.
Porque tus instintos se han hecho tus valores, porque tus valores se han convertido en tus instintos.
El salto da pavor, pero cuando lo das una vez, pides otra vuelta y llega un punto en que te sacas el abono y te haces adicto a tí.
Ese aquél no nos pertenece, pero a tí te perteneces tú mismo y los sentimientos que ese aquél siente hacia tí. Ya está, no tienes más, y cuando esos sentimientos cambian siguen siendo tuyos, pero no los cambias tú, los cambia ese aquél. Ahí está la gracia.
Y se puede, porque yo lo he hecho.
;-)
domingo, marzo 07, 2010
Everybody is free to wear sunscreen.

Ladies and Gentlemen of the class of '97... wear sunscreen.
If I could offer you only one tip for the future, sunscreen would be it.
The long term benefits of sunscreen have been proved by scientists whereas the rest of my advice has no basis more reliable than my own meandering experience.
I will dispense this advice now.
Enjoy the power and beauty of your youth. Never mind. You will not understand the power and beauty of your youth until they have faded. But trust me, in 20 years you'll look back at photos of yourself and recall in a way you can't grasp now how much possibility lay before you and how fabulous you really looked.
You are not as fat as you imagine.
Don't worry about the future; or worry, but know that worrying is as effective as trying to solve an algebra equation by chewing bubblegum. The real troubles in your life are apt to be things that never crossed your worried mind; the kind that blindside you at 4pm on some idle Tuesday.
Do one thing every day that scares you.
Sing.
Don't be reckless with other people's hearts, don't put up with people who are reckless with yours.
Floss.
Don't waste your time on jealousy; sometimes you're ahead, sometimes you're behind. The race is long, and in the end, it's only with yourself.
Remember compliments you receive, forget the insults; if you succeed in doing this, tell me how.
Keep your old love letters, throw away your old bank statements.
Stretch.
Don't feel guilty if you don't know what you want to do with your life. The most interesting people I know didn't know at 22 what they wanted to do with their lives, some of the most interesting 40 year olds I know still don't.
Get plenty of calcium.
Be kind to your knees, you'll miss them when they're gone.
Maybe you'll marry, maybe you won't, maybe you'll have children, maybe you won't, maybe you'll divorce at 40, maybe you'll dance the funky chicken on your 75th wedding anniversary. Whatever you do, don't congratulate yourself too much or berate yourself, either. Your choices are half chance, so are everybody else's. Enjoy your body, use it every way you can. Don't be afraid of it, or what other people think of it, it's the greatest instrument you'll ever own.
Dance. Even if you have nowhere to do it but in your own living room.
Read the directions, even if you don't follow them.
Do not read beauty magazines, they will only make you feel ugly.
Get to know your parents, you never know when they'll be gone for good.
Be nice to your siblings; they are your best link to your past and the people most likely to stick with you in the future.
Understand that friends come and go, but for the precious few you should hold on. Work hard to bridge the gaps in geography in lifestyle because the older you get, the more you need the people you knew when you were young.
Live in New York City once, but leave before it makes you hard; live in Northern California once, but leave before it makes you soft.
Travel.
Accept certain inalienable truths, prices will rise, politicians will philander, you too will get old, and when you do you'll fantasize that when you were young prices were reasonable, politicians were noble and children respected their elders.
Respect your elders.
Don't expect anyone else to support you. Maybe you have a trust fund, maybe you'll have a wealthy spouse; but you never know when either one might run out.
Don't mess too much with your hair, or by the time you're 40, it will look 85.
Be careful whose advice you buy, but, be patient with those who supply it. Advice is a form of nostalgia, dispensing it is a way of fishing the past from the disposal, wiping it off, painting over the ugly parts and recycling it for more than it's worth.
But trust me on the sunscreen.
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