Y miraba adelante, no se detenía. Símplemente eran ganas de comerse el mundo.
Sus miras eran más amplias, no se debía ni a un pueblo, ni a una ciudad ni a una nación, tampoco se consideraba mercenaria...
Simplemente eran ganas de comerse el mundo.
Miraba atras, a veces lo hacía, no es bueno olvidar el pasado, en él hemos crecido y de él nutrimos el futuro.
Tantos proyectos, la mayoría cogidos con pinzas. El futuro es incierto y hay demasiados factores que se nos escapan como para intentar ser dueños de nuestra vida. Pero ella sabía que siempre era libre de elegir ante las situaciones que se le presentasen, era lista y reaccionaba bien ante la presión.
Tenía ambiciones, vivía el momento presente, siempre con un ojo puesto en los siguientes. Tenía futuro, incierto pero prometedor. Tenía talento y trataba bien a todo el que se le acercara con buena fe.
Era libre, no se planteaba siquiera depender de nadie nunca, es que era joven. Pero había algo que no tenía.
¿Qué le faltaba? ¿Qué no veían? No era perfecta, pero sí de las mejores. ¿Acaso se mostraba impenetrable, inaccesible? Tenía la costumbre de descubrir su rostro sólo a aquellos que supiese que lo iban a mirar sabiendo lo que había detrás de él, intentando ver más allá de los músculos y de los huesos. Y era algo que se le daba bien, era su proceso de selección y su escudo. Pero quizás su escudo fuese demasiado infranqueable.
En cualquier caso, siempre mejor sola que mal acompañada.
Qué tontería es gastar fuerzas intentando ganarle la carrera al tiempo (De nuevo una sonrisa).
Quien la quiera que la busque.
Quien la encuentre no encontrará la vida eterna... Gracias a Dios.

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